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23 de Abril, 2009
· Relatos |
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El hombre perfecto se casó con la mujer perfecta. Tuvieron un hijo imperfecto que contrajo enlace con una mujer imperfecta. Éstos engendraron un hijo normal que luego se uniría en matrimonio con una mujer normal. Su hijo nació loco y con la loca de la que se enamoró deliraron un hijo genio. El genio no tuvo el mínimo problema en hallar una genia con la cual casarse, y pronto concibieron un hijo imbécil. Aquél era tan imbécil que sólo por casualidad se topó con una mujer imbécil. Ambos tendrían un hijo imposible que dedicaría su vida en buscar una mujer imposible. Eran tan ancianos cuando se encontraron que apenas pudieron engendrar un dios. Luego vinimos nosotros. |
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publicado por
filoso a las 14:30 · 1 Comentario
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Comentarios (1) ·
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Joer, no sé qué decir. En fin, en primer lugar diré... ¿Qué diría el bueno de Darwin acerca de esta teoría tuya sobre el origen de nuestra especie? Desde luego es la más original de todas las que hasta ahora he oído, leído o incluso pensado por mí misma. Bueno pues ahora ya sé lo que me sugiere este breve relato. Es algo en lo que siempre he creído... Por fortuna NADIE ES PERFECTO porque si lo fuésemos... ¡¿qué pintabamos en este mundo!? Aqui venimos (al menos esa es mi opinión) a aprender.
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.Al margen |
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¡Hola! Te esperaba... |
Escribo sobre todos los tópicos, adecuando el estilo a la trama y de una sola manera: retorciendo los fantasmas internos hasta que sueltan sus luces y sus sombras. Tal vez no lo haga demasiado bien ni tan a menudo como debiera... pero vivir lleva su tiempo y me gusta saborear cada instante, aun los que disfruto sin estar ante el teclado. He leído mucho -que jamás será lo suficiente- y escrito un par de cosas de las cuales conservo algunas y otras he lanzado al mar por ver si flotan. Hoy día no es tan fácil descartar el “¿para qué?”, y sentarme a contar las cosas curiosas que ocurren al otro lado del espejo, mas lo sigo haciendo pues me acostumbré a que mi sentir fluya desde la punta de mis dedos. A veces me obligo a levantar los hombros y girar hacia otro lado, pues eso también es bueno, dejar descansar las inquietudes, que tomen fuerza... Sé que siempre me estarán acosando. En fin, creo que eso no es lo importante, sino que haya alguien del otro lado en la misma sintonía, un lector al que le lleguen mis señales y pueda con ellas pasar un buen momento. Sólo así esta acción de escribir dejaría de ser un acto egoísta. Pues aunque disfruto escribiendo, ya no lo hago para mí.
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